Me invitaron a Botanas Manito, sucursal Santa Tere, a probar sus productos. He de decir que yo ya los conocía de tiempo atrás, pero nunca los había visto a través de la mirada de un análisis. Fue una revelación ver todo lo que se puede decir sobre un negocio de este tipo.
Me gustaría empezar por decir qué refrescante es ver cómo negocios locales, gente nacida aquí que inició de la nada, toma fuerza a base de constancia y excelencia. No hay manera de que eso no me dé gusto; siempre me va a dar una alegría incomparable ver cómo la persona de a pie se esfuerza, es constante, prioriza el estándar de su producto y triunfa.
La tienda está muy bien hecha, es agradable a la vista; es una clase de cosas en las que yo no me había puesto a pensar y ahora que lo hago, sé que influyen sin que te des cuenta. He probado varios productos de ahí y algunos merecen más tiempo de escritura que otros. Por ejemplo, si nos vamos a las semillas, pues una nuez es una nuez en todos lados. No estoy seguro —sé que hay un buen nivel—, pero por lo menos yo no soy capaz de distinguirlo; yo solo sé que probé el producto y me gustó.
Pero cuando nos vamos a las papas, el escenario cambia radicalmente. Al ser fabricantes, las papas de Botanas Manito tienen un característico corte grueso que hace que el sabor sea más intenso y que la sensación de saciedad sea mayor. Tienen varios sabores de los cuales hay muchos muy buenos —están las de salsas negras, las adobadas—, pero para mí, cuando se trata de papas, ellos tienen un producto que merece ser mencionado por encima de todos: las martajadas. Las papas martajadas son una delicia. Quizá podríamos decir que pican un poco para algunos; para mí no, pero debo de admitir que yo soy de esas personas que cuando comen algo dicen "no pica" y luego sí termina por picar. Aun así, me arriesgo a enchilar al lector recomendándolas, porque el sabor vale muchísimo la pena.
Más allá de lo anterior, me hallo ante un descubrimiento porque, cuando se trata de botanas, yo no creí que fuera a poder recomendar algo por encima de unas papas martajadas, que es por excelencia el tipo de comida que yo suelo consumir. Pero debo de mencionar que también tienen productos deshidratados, y el betabel deshidratado con chilito tipo Tajín es adictivo. Si no compré tres o cuatro bolsas fue por protegerme de mí mismo, porque sé que me las acabaría en el momento. Es vibrante y tiene la textura adecuada: cruje, pero al mismo tiempo es suave a la hora de masticar, algo muy característico del betabel, que logra un equilibrio punzante entre el sabor y la sensación física de lo que estás comiendo.
El servicio es adecuado y se ve que lo principal es el trato. Me agrada que no se siente como ir al Mercado de Abastos, en donde pasas entre millones de personas y tú eres uno más en ese número gigantesco. Sientes que puedes encontrar lo mismo, pero enfocado hacia el pequeño consumidor y con una atención más cálida.
Botanas Manito cuenta con otras sucursales que estoy seguro mantienen el mismo nivel que la de Santa Tere; no me dieron razones para pensar lo contrario. La verdad es que lo considero un excelente lugar para llevar mucha variedad para cuando alguien tiene una reunión, una fiesta o incluso para consumo propio si te quedan lo suficientemente cerca.
Me veo sorprendiéndome a mí mismo por todo lo que se puede decir sobre una botanería. Y lo menciono no solo por lo curioso que se me hace, sino porque quería reivindicar la palabra "botanería". Estamos ante un negocio de nicho que no es una tienda de abarrotes; es una tienda especializada que puede resultar un hallazgo mayor de lo que uno esperaría, como me pasó a mí.